viernes, 12 de abril de 2019

¡Hasta siempre, Base Avalancha!


Si abrí este blog, si me decidí a abrir mi canal, si creé Kingdom Fantasy 358, fue gracias a cierto foro, a cierto espacio en la web en el que nos reuníamos prácticamente todos los días gente apasionada por la saga de Final Fantasy, y quizá más concretamente por Final Fantasy VII, pues este juego fue la razón por la que dicho foro fue bautizado como Base Avalancha. Pero no sólo se hablaba de esta franquicia de Square Enix, no sólo de videojuegos, sino que hablábamos de todo tipo de temas, era nuestro punto de encuentro, pues era nuestro segundo vicio darle al teclado leyendo posts cuando no le dábamos a las crucetas de los mandos.

Corría el año 2007, una época en la que no podía pasar un solo día sin vivir las aventuras de Tidus y Yuna, a pesar de que a veces me encontraba con algunos baches que me impedían avanzar, hasta que llegué a un punto en el que ya me era imposible superar lo que el juego me exigía, por lo que recurrí al maravilloso invento de internet y busqué en la red alguna solución para eliminar el obstáculo que llevaba días sin poder franquear, y di con Base Avalancha. Busqué y rebusqué por varios subforos, leí algunos posts o hilos, pero no encontré ninguno que se ciñera a mis dudas, así que abrí un hilo para presentarme y comentar mi dificultad. Me llegaron respuestas casi al momento, había gente dispuesta a dedicar tiempo a solventar la duda de una completa desconocida, y, todo hay que decirlo, fueron grandes profesores para mí. Viendo la calurosa acogida que tuve, me animé a preguntar algunas cosillas más, y, oye, seguía habiendo gente encantada de ayudarme, lo cual hizo que ya no quisiera irme de allí, así que me dediqué a navegar por otros subforos, tanto de Final Fantasy como de otros temas como música japonesa, anime, manga, etc., y con las mismas, participaba en otros hilos.

Tiempo después, más veterana y con más juegos a mis espaldas, quise dar la vuelta a la tortilla, y fue entonces cuando decidí devolver la ayuda recibida ayudando a nuevos jugadores, gente que, como yo, entraba dejando caer sus dudas en espera de alguna respuesta que le ayudase, y siempre que conociera la respuesta las contestaba. Bien es cierto que la mayoría de las veces eran preguntas demasiado técnicas o de campos que no manejaba, pero solía contestarles igualmente deseándoles suerte “a ver si los expertos te contestan”, ya que siempre da gusto sentirse leído y no ignorado, y demostrando que la intención está, pero no el conocimiento, y hay que decir que la ayuda no tardaba en llegar, siempre había gente dispuesta a invertir una porción de su tiempo en pasearse por los subforos y ver si estaba en posesión de la respuesta que el jugador inexperto esperaba.

Por otro lado, estaba la parte más lúdica del foro, ya no sólo de los subforos centrados en deportes, televisión, incluso de creaciones de RPGs y diseños de firmas para los propios usuarios, sino que en los mismos subforos de los títulos de Square Enix podíamos encontrar trivials, el grandioso juego de “mentira y verdad” (la de risas que nos hemos echado con este juego), se hacían encuestas del tipo “cuál es tu personaje favorito” y se comentaban, y, por supuesto, se creaban debates, y ahí sí que encontrábamos los posts más extensos del foro.

Pero si por algo Base Avalancha ha sido conocido ha sido por sus guías, una gran cantidad de tutoriales creados por los propios usuarios en ese afán de ayudar de forma más general a todo aquel que entraba buscando la manera de derrotar cierto jefe, comprobar si tenía todos los objetos necesarios para fabricar cierta arma, seguir un camino concreto para completar un juego al cien por cien... Si mi fiel lector alguna vez ha buscado alguna guía de algún título de Final Fantasy o incluso de Kingdom Hearts y The World Ends With You de seguro habrá ido a parar en algún momento a Base Avalancha.

Como comentaba más arriba, era ya una necesidad entrar cada día al foro y leer los nuevos comentarios, participar en conversaciones abiertas, echar una mano en lo que se podía, intentar ser el más rápido en contestar a la pregunta del trivial para coger el turno, ¡incluso se podía escuchar su radio!, por no hablar de los exámenes para ser miembro destacado de la propia Base Avalancha, examen que puedo decir con orgullo que superé en su momento y me gané el merecido logo del foro. En aquella época era ya una costumbre para mí llegar a casa después de las clases y, lo primero de todo, abrir el correo electrónico y ver que, un día más, tenía numerosos mensajes sin leer desde la última vez que me conecté el día anterior, y allá que iba a leerlos todos, pudiéndose ir en ello una hora o más perfectamente.

Mi avatar en el foro con el merecido logo.

La actividad que tenía este foro era desmesurada, estaba realmente vivo, y a veces yo no daba abasto intentando ponerme al día con todo y con todos, pero siempre teníamos algún post en el que conversaba con gente con la que creé lazos de amistad, y es que en Base Avalancha se han creado grandes amistades, algunos incluso han llegado a encontrar a su media naranja gracias a este foro, y, como decía, no sólo se hablaba aquí de videojuegos, sino también de nuestro día a día, de nuestras vivencias y experiencias, nuestros viajes, nuestras mascotas, nuestros estudios… Base Avalancha llegó a ser mucho más que un foro de guías y lugar de resolución de dudas personales sobre un juego u otro, nos ha acercado a personas a las que, quizá, no hubiéramos conocido de otra manera.

Pero la edad no perdona a nadie, y todos los chavales y jovenzuelos que pasábamos horas y horas ahí enganchados hemos crecido, nos hemos convertido en adultos, y tenemos quehaceres y obligaciones que no podemos ignorar, algunos por trabajo, otros por ser ya padres, o por el motivo que sea, añadiéndose en su contra el fuerte auge de otras redes sociales que se han ido comiendo no sólo a Base Avalancha, sino a los foros en general, quedando estos relegados no ya a un segundo plano, sino más bien a un tercero. Yo no escapo a esta generalidad: me licencié, me casé y me convertí en madre, lo cual hizo que casi ni me acordara de lo que era tener tiempo libre, no me podía permitir echar esos largos ratos como antaño. Pasado un tiempo volví, y el panorama era desolador, apenas había actividad, y la poca que había era decepcionante: nuevos usuarios que entraban a dejar su pregunta y no se volvía a saber de ellos, spam, algún que otro trolleo… Aun así me dedicaba a escribir aunque fueran preguntas de trivials, participar en hilos como “¿A qué estáis jugando ahora?” o “¿Cuál es el último juego que has pasado?”, haciendo una pequeña ficha de ese título e incluso dándole una nota, y sobre todo, conversando con viejos amigos y conocidos.

Hubo que esperar al año 2015, concretamente el 16 de junio, cuando Sony hizo oficial un anuncio con el que tantas veces se había trolleado en Base Avalancha, para que el foro recibiera una verdadera avalancha (nunca mejor dicho) de antiguos usuarios para comentar tal noticia: el anuncio de Final Fantasy VII Remake. Ahí estábamos casi todos los veteranos comentando y compartiendo nuestras impresiones, tanto si teníamos esperanzas como si temíamos lo peor, pero ahí estábamos, de nuevo el foro cobró vida, y pensé que quizá ése fuera el resurgir de Base Avalancha. Pero entre la escasez de noticias referidas a dicho título y que las redes sociales seguían su incesante auge, de nuevo volvió a vaciarse el foro.

La última firma que me puse.

Al año siguiente, con la salida de Final Fantasy XV volvió a haber algo más de actividad. Una servidora se encargó de dar mucho juego en el subforo dedicado a la decimoquinta fantasía final, ya fuera dando mis puntos de vista sobre el juego, creando debate, poniendo encuestas, iniciando el trivial correspondiente, etc, y durante un tiempo se pudo mantener cierta actividad, pero de nuevo volvió a caer casi en el olvido. Tiempo después un moderador al que aprecio mucho decidió hacerle un lavado de cara a Base Avalancha, el cual fue bastante notable (y que se agradece), en un intento de hacer de nuevo atractivo el foro; sin embargo, a pesar del gran trabajo y el esfuerzo, la actividad en el mismo seguía siendo casi inapreciable.

Llegando ya al tiempo presente, sin ir más lejos hace un par de días, me comunicaron que se había decidido poner fin a la larga agonía de Base Avalancha. No podía dar crédito a lo que me estaba diciendo, fue como si me hubieran clavado una espina en el corazón. Cierto es que el foro ya no destilaba vida como hacía unos años, pero todo lo que se ha creado en él, todas esas guías tan detalladas, todas nuestras vivencias, todos los ratos que hemos pasado allí riéndonos, discutiendo, ayudándonos… todo esto estaba ahí, guardado para cuando quisiéramos consultar o rememorar todos esos textos escritos por nosotros. Y así, de golpe y porrazo, ahora todo eso ha desaparecido para siempre, apenas un simple pestañeo he tenido de tiempo para asimilar la noticia cuando ya todo se ha borrado. Bueno, no todo está perdido, pues en esta web antiguos y veteranos usuarios de Base Avalancha han podido recoger todas las grandes guías que allí estaban alojadas, algo es algo (¡gracias, chicos!), pero el resto de temas, aquellos que recuerdo con más cariño, esos hilos, como diría la piedra cactilio del Desierto de Bikanel, “ya no regresarán”.

miércoles, 30 de enero de 2019

Primeras impresiones de... Kingdom Hearts III



El día que me enteré del anuncio oficial del desarrollo de Kingdom Hearts III me resulta ahora tan lejano que aún me sigue pareciendo inverosímil que tenga ya el juego en la estantería de mi casa, que ya lleve jugadas unas seis horas y que el disco siga todavía metido en la consola esperando que continúe con las aventuras de Sora, Donald y Goofy. Sin embargo, si hay algo que me resulte aún más increíble es la facilidad que ha tenido el último título de la saga para sorprenderme, pues sabía que el juego me iba a gustar, pero no esperaba que me dejara tan impactada al borde del infarto por la maestría que ha derrochado el señor Nomura en la creación de este videojuego. Bien es cierto que tuve la suerte de probar la demo de Kingdom Hearts III durante la Madrid Games Week, evento del que guardo maravillosos y preciados recuerdos, pero allí también sabía que la demo no era más que una paupérrima demostración de lo que estaba por llegar, aunque nunca pude imaginar cuán alejada me quedaba en dicha calificación.

Han sido muchos años esperando, no diré trece o catorce porque durante ese tiempo hemos tenido otros tantos títulos para disfrutar de tan entrañable serie, como Birth By Sleep o 358/2 days, pero cinco años no son pocos, se han hecho eternos, y máxime cuando en el verano de 2017 nos mostraron el letrero de Coming 2018 para, unos cuantos meses después, cambiarlo por el de January 29th, 2019. El contador estuvo activado desde aquel día, aun con la esperanza de poder recibirlo un día antes de su salida, tal y como me ha ido ocurriendo con algunos títulos reservados anteriormente en cierta tienda de videojuegos. El hype llegó a niveles estratosféricos con cada trailer, con cada análisis que realizaba de ellos, con cada noticia que llegaba de la boca de su creador o de su productor, el señor Hashimoto, pero cuando empezaron las filtraciones con un robo de algunas copias, o la venta de otras por parte de una serie de tiendas tres o cuatro días antes del lanzamiento oficial, incluso por parte de la propia Square Enix, que el día antes ya había entregado su copia a quien la hubiese comprado directamente en su store, la desesperación hizo que me quedara prácticamente sin paredes por las que subirme o uñas que morderme. Ese lunes 28 lo recuerdo ahora como el día más largo del mes de enero, pues no me despegaba del móvil esperando un mensaje de texto citándome para recoger mi ansiado Kingdom Hearts III.

Fue al día siguiente, el día establecido, cuando, tras dejar a mi adorada hija en su centro educativo, me dirigí directamente a la tienda donde reservé meses atrás mi edición deluxe del juego que nos atañe. Llegué una media hora antes de su apertura, y ya había un grupo de tres personas haciendo tiempo delante de la entrada. Me di una vuelta mientras hablaba por cierta aplicación de mensajes instantáneos con algunos amigos que se encontraban en una situación similar a la mía, todos emocionados por la salida de nuestro anhelado título. Cuando volví sólo quedaban 15 minutos para la apertura y ya había dos personas más. Me di otra vuelta, apareciendo delante de la tienda a la hora exacta de la apertura, justo en el momento en el que recibí el tan esperado mensaje de texto citándome para recoger mi reserva. Cuando entré a la tienda no esperaba ver tanta cola, casi me quedaba en la entrada; conté once personas delante de mí, todas con caras ilusionadas por recoger su copia de Kingdom Hearts III, todos más o menos de mi misma quinta, incluso un generoso padre que fue a recoger el juego en lugar de su hijo para que lo jugara en cuanto llegara a casa tras las clases. Por suerte el dependiente estaba de muy buen humor y atendía a cada uno con una sonrisa, a pesar de estar todos allí para lo mismo.


Cuando llegó mi turno, aún seguía teniendo la sonrisa fruto del nerviosismo por la espera, y justo ahí el dependiente se mete en el almacén para sacar más copias de la edición deluxe, y mis ojos no pudieron evitar perderse entre esa pila de gruesas cajas, de las que una copia se vendría conmigo a casa. El dependiente la puso ante mí, y no pude evitar decir: “Qué bonica que es”. Me preguntó si quería contratar un seguro para el juego, a lo que respondí: “No hace falta, esto va a estar muy bien cuidado”. Durante la tramitación del pago, el dependiente dio por hecho que no iba a querer bolsa, pero le contradije pidiéndole una para llevar no sólo mi anhelada copia de Kingdom Hearts III, sino el póster a doble cara que regalaban con la reserva, por lo que el dependiente se sorprendió diciéndome: “Ah, ¿una bolsa sí quieres?” “Claro, una bolsa, algodones, ¡y lo que haga falta!”, contestación que hizo que el tendero esbozara una tímida sonrisa. Ya con mi compra efectuada, me despedí del que tan amablemente me había atendido, no sin antes exclamar justo antes de la salida: “¡Qué bonico que eeeeees!” mientras miraba el juego dentro de la bolsa.

Entré en el coche, dejé la bolsa en el asiento del copiloto, saqué la caja y la puse sobre el volante, justo delante de mí. La miraba una y otra vez, estudiaba sus bordes y aristas, sus detalles en relieve y sobre liso, leía las diminutas letras de la contraportada, acariciaba cada lateral como si de un gato o un cojín de terciopelo se tratase… Seguía sin poder creérmelo, tenía Kingdom Hearts III en mis manos, sólo para mí, tenía mi copia, mi edición deluxe, y nada, me seguía pareciendo una fantasía. Y aun dentro de mi incredulidad, mis ojos rompieron a llorar, me temblaba la voz y mis manos trepidaban por el nerviosismo. Cuando me calmé, arranqué por fin el coche, no sin antes volver a guardar la caja en la bolsa, y me dirigí para casa. Llamé a mi marido totalmente eufórica, intentando buscar algo que me hiciera ver que todo era real, y su voz me hizo reconfortarme. Preparé la mesa y el equipo para registrar la apertura de la caja y mostrar su contenido en un vídeo al que mástarde llamaría como unboxing y, tras exponer todo el contenido, póster incluido, me quedé durante bastante tiempo (no sabría decir cuánto) mirando embelesada el libro de arte, la caja metálica, el pin, el póster por ambas caras, y, por supuesto, el propio juego.

Tras unas horas de realidad cotidiana, volví a la fantasía que me esperaba con Sora, por lo que introduje el disco en la consola mientras deseaba que la instalación no se hiciera excesivamente larga: fueron unos veinte minutos de descarga e instalación. Volví a ponerme nerviosa porque, como mi fiel lector y seguidor sabrá, llevo varias semanas encerrada en un búnker virtual protegiéndome de indeseados spoilers, con el cual he evitado hasta escuchar temas musicales como el nuevo Dearly Beloved o la colaboración entre Utada y Skrillex llamada Face my fears. Esta parte es la que más miedo me daba, pues ya me comentó mi señor esposo que esta canción no había tenido una buena acogida, con un feedback llamativamente negativo, lo cual me infundió cierto temor a cómo sería mi primer contacto con Kingdom Hearts III, no quería que lo primero que escuchase o viese fuese algo tan decepcionante como decían algunos que era esta canción de corte dubstep.

Llegó el momento de la verdad, las letras de Disney, Pixar y Square Enix presentaban una selección de cinemáticas de todos los títulos de la serie a modo de resumen, intercaladas con la famosa partida de ajedrez entre los jóvenes Xehanort y Eraqus mientras suena la versión orquestal de Chikai o Don’t think twice, un arreglo que recuerda en ciertos momentos al correspondiente de Hikari o Simple and Clean en la percusión. Un río de escenas que azotan mi mente con los recuerdos vividos al jugar y ver esas escenas en su respectivo momento, algunos hace muchos años ya desde la última vez. Tras esto, es el momento de llegar al menú de inicio, pantalla en la que me quedo un rato escuchando la deliciosa versión de Dearly Beloved, de las más bellas que se han hecho hasta la fecha. Cuando lo veo oportuno, selecciono por fin mis preferencias para jugar mi primera partida; le doy a “aceptar”, gira el corazón, tanto el del juego como el mío, y así empieza la magia.


Tras un breve mensaje acompañado de una imagen simulando lo que parece ser una red social imaginaria, hashtags incluidos (¡buenísimo este detalle!), una veloz cámara hace un frenético barrido por un pueblo costero de estilo mediterráneo, acompañado durante un rato por unas palomas (lo cual me recuerda muchísimo al inicio de Final Fantasy IX), una imagen tan preciosa como impactante por la calidad de la misma, hasta que llegamos a una ventana, donde Xehanort y Eraqus juegan su partida de ajedrez mientras hablan de la antigua Guerra de las Llaves Espada.

Es justo después cuando llega mi temido momento, la intro con el tema de Face my fears. Tras empezar unas líneas recitadas por Sora, suenan las primeras notas de la canción, la cálida voz de Utada y un tenue piano invaden mis oídos, despiertan el vello de mi cuerpo erizándolo por completo, cuando de repente la canción toma más fuerza, tanto la música como la voz de Utada, y a mi mente sólo viene una pregunta: “¿por qué no ha gustado esta canción tanto como me está gustando a mí?” Como decía, la canción invade mis oídos, pero las cinemáticas que acompañan a Face my fears invaden mi corazón, algunas escenas me rememoran ciertos momentos con los que lloré, alguno hay que casi olvidé, y otros que despiertan mi curiosidad, todos entrelazados con la susodicha partida de ajedrez. Me atrevería a decir, y no doy crédito a lo que estoy a punto de afirmar, que, a día de hoy, esta intro ha desbancado a mi favorita, la de Kingdom Hearts II, tanto por la música, las cinemáticas y la forma en que están enlazadas entre sí.

Tras esto tenemos una muy original forma de elegir nuestro camino en Kingdom Hearts III, el famoso descenso al corazón se ha convertido en una especie de galería de arte cuyos cuadros son escenas clave en los diferentes títulos de la saga, además de tener el clásico tutorial para aprender a movernos por el juego con el característico Destati sonando de fondo. Me ha encantado la forma de pasar del Sora de Kingdom Hearts I al Sora de Kingdom Hearts II, pero el escenario elegido para practicar el sistema de batalla me ha dejado simplemente con la boca abierta, un onírico cielo cubriendo aguas cristalinas sobre las que camina Sora no hace más que recordar las veces que he soñado con este momento, con jugar por fin a Kingdom Hearts III.

Tras el tutorial, volvemos a situarnos en Kingdom Hearts 0.2, concretamente las escenas finales, lo justo para enlazar con… no, no es con Kingdom Hearts III, sino con Kingdom Hearts 2.9, como si de una broma de Nomura se tratase, pero así es, tras lo cual aparecemos por fin en el mundo del Coliseo del Olimpo, pero en una zona totalmente nueva para el seguidor de la saga, aunque bastante conocida desde hace años a través de diferentes trailers. No sólo la zona a explorar es nueva, sino la música que la acompaña, la cual es una verdadera delicia escuchar, a veces épica, a veces emotiva.


Es justo aquí cuando podemos echar un vistazo por fin al menú pulsando options en el mando de playstation 4. La imagen de Sora en este menú me tiene enamorada, el diseño de esta interfaz es totalmente nuevo y orignal, pero la gran mayoría de las opciones son viejas conocidas ya. A partir de aquí debería hablar de más características apreciables de Kingdom Hearts III, pero creo que todo se puede resumir en tres palabras: es una maravilla. Y es una maravilla a nivel de detalle, hasta el más ínfimo está cuidado, como al lanzar agua sobre un enemigo y crearse un charco mientras aquél queda empapado, o cómo se chamusca una caja metálica al lanzarle piro, lo cual me recuerda a la divertida reacción de Sora al quemarse… Es una maravilla a nivel técnico, cómo se mueve la vegetación o los cabellos al son de la brisa, cómo las sombras van acordes a sus “dueños” de quienes se proyectan, sin ningún tipo de efecto popping, como tampoco dientes de sierra apreciables. Es una maravilla a nivel de sonido, no sólo ambiental (canturreos ornitológicos incluidos), sino también las frases renovadas para Sora, Donald y Goofy durante la batalla, diferentes sonidos de la llave espada golpeando según qué objeto, al igual que al golpear la bombona de helio cambiando las voces de quienes lo han respirado. Es una maravilla a nivel musical, con piezas nuevas, como la citada del Coliseo del Olimpo, o los arreglos para Kingdom Hearts III, trayéndome a la mente preciados recuerdos de cuando jugué escuchando esa música por primera vez, o varias veces más después; algunas de ellas me tocan la fibra emocional, como la del mundo de Villa Crespúsculo, mucho más emotiva, que, al ir acompañada de cierto momento que recuerda Sora al llegar a dicho mundo, no pude evitar llorar al sentirme igual de emocionada que nuestro protagonista. Es una maravilla a nivel lúdico, hay muchísimos minijuegos, y eso que sólo llevo tres mundos visitados, pero hay también algunos de buscar lo que aquí llaman portafortunas, usando la cámara de fotos (divertidísimo el momento en el que Goofy o Donald van a posar para la foto), o las misiones que te encarga el moguri que encontramos en distintas tiendas, o la recolecta de ingredientes para Remy (juro y perjuro que no encuentro diferencia entre el Remy de Kingdom Hearts III y el Remy de Ratatouille), incluyendo las misiones de la nave gumi, nada que ver con lo anteriormente visto, es totalmente un mundo abierto por el que volar libremente con la nave gumi. Es una maravilla a nivel narrativo, cómo van recordando al jugador vivencias pasadas, cómo te resumen en un momento lo ocurrido en títulos anteriores para refrescar nuestras memorias, cómo van cambiando de escenario y personajes, en ningún momento me he sentido perdida, la trama la encuentro demasiado bien hilada. Es una maravilla a nivel empático, pues cuando se trata de un momento triste, me ha hecho derramar más de una lágrima, pero cuando se trata de un momento alegre y divertido, me ha hecho reír a carcajadas.

En definitiva, tras las seis horas que llevo jugadas no soy capaz de encontrar un punto negativo al juego, tal vez sea por una ceguera amorosa y apasionada que siento por este juego y esta saga en general, intento ser objetiva en este sentido, pero de verdad que aún no he logrado encontrar una flaqueza en este juego. Quizá lo encuentre cuando avance más en él, o puede que nunca lo descubra, bien por este amor descomunal, bien porque no existe. Por el momento sólo puedo tener óptimas palabras hacia él, y me hallo deseosa de seguir avanzando por los mundos junto a Sora. Así que, me despido del blog y de internet en general hasta que descubra el final de Kingdom Hearts III, tras lo cual sé que me formularé esta pregunta: ¿Y ahora qué?

martes, 30 de octubre de 2018

Recuerdos lejanos que parecen retazos de un sueño, un sueño hecho realidad...



Hace un par de días me puse un poco melancólica, recordando todo lo vivido el fin de semana anterior en la Madrid Games Week, y necesitaba narrar y expresar todo lo vivido en el evento, pero desde un punto de vista mucho más personal y abriendo mi corazón, por lo que me dio por escribir el texto que viene a continuación, quizá el más íntimo que haya publicado nunca en este humilde blog...

Dicen que los días lluviosos son tristes y melancólicos, aunque, en mi caso, siempre me ha gustado ver llover; escuchar la lluvia liberando cada una de las gotas que caen sobre las calles, los parques, los árboles, y ese característico olor a tierra mojada que invade sin permiso mi olfato son sensaciones que ayudan a mi estado emocional, me relajan y me hacen sentir bien. Sin embargo, hoy no he tenido esa sensación que durante tantos años me ha acompañado en días de lluvia.

Hoy he experimentado esa melancolía, esa tristeza que dicen que transmite la lluvia, y casi que ahora entiendo esa expresión que usan los angloparlantes cuando dicen que se sienten como el tiempo, pues me siento algo apagada y alicaída, ya que esta mañana la lluvia no sólo ha dejado caer gotitas de agua sobre mi pelo al haberme pillado desprevenida fuera de casa, sino que también me ha dejado caer gotitas de bellos recuerdos que ahora afloran en mis pensamientos e, irremediablemente, hacen que esboce una melancólica sonrisa en mi cara: hace una semana mi marido y yo pusimos rumbo a Madrid para vivir una aventura, y digo bien al llamarlo “aventura”, pues, a pesar de saber axiomáticamente que allí acudiríamos a una feria de videojuegos, la Madrid Games Week, lugar donde se reunirían adeptos como yo a dicha industria, sabíamos que en aquel punto de encuentro coincidiríamos con ciertas personas a las que, como mi fiel lector sabrá, aprecio y quiero muchísimo, pero desconocíamos qué habría más allá de ese primer encuentro.

Sin embargo, mi cuerpo se vio invadido por el nerviosismo y la agitación, sentía una mezcla de temor e ilusión, vergüenza y emoción. Hace justo una semana partimos en un viaje de unas cuantas horas hasta Ifema, y en el camino nos acompañaba la lluvia, pero en ese viaje no pudo cumplir con su acostumbrada función de transmitirme serenidad y calma, los sentimientos fueron más fuertes, y con cada kilómetro que recortábamos, las emociones iban haciéndose notar cada vez más. En alguna que otra ocasión sugerí dar la vuelta y no llegar a nuestro destino, tal era la inquietud que sentía, pero mi compañero de aventuras, que iba al volante, siguió su camino sin vacilar.

A mitad de camino la lluvia nos abandonó, y un resplandeciente sol ocupó su lugar, acompañándonos hasta el final del trayecto. Mi apacible lluvia se marchó en el momento más inoportuno, no había nada en ese instante a lo que poder aferrarme para calmar mis nervios, ni siquiera un poco de música porque olvidé el pendrive con la banda sonora que había preparado para tan largo viaje. Tan sólo las palabras de un marido cariñoso y atento pudieron serenarme cuando por fin llegamos a las puertas del recinto ferial de Madrid.

Vaya por delante que, a pesar de que no es ni por asomo la primera vez que vamos a la capital española, sí que lo fue a un evento de estas magnitudes, ideal para un megalómano cualquiera, pero no para mí, que siempre he evitado localizaciones concurridas y momentos de aforo máximo. Todavía me planteaba la opción de dar la vuelta y no entrar al recinto, pero la mano que sujetaba la mía no me soltó y me animó a seguir adelante. Dimos una vuelta por el recinto de ingentes dimensiones y repleto de gente, hasta que localizamos una llave espada cuyo tamaño no desentonaba con el del pabellón en el que nos encontrábamos. Seguimos andando, mirando a un lado y a otro, explorando el mapeado cual personaje de un RPG que acaba de llegar a una nueva ciudad, buscando sin saber qué busca exactamente, hasta que da con algo que le llama la atención o le sirve para continuar con su aventura, como fue al llegar a la recreación de la habitación de Andy, donde, una vez más, el colosal tamaño del escenario me hacía sentir todavía más diminuta. Y ahí fue donde nos plantamos, al final de una larga y serpenteante cola de gente ansiosa, como nosotros, por probar Kingdom Hearts III en forma de demo.


Llegó, entonces, el momento de avisar de mi llegada; en el instante en que enviase ese mensaje ya no habría vuelta atrás, y, con cierto temblor, saqué mi móvil, escribí un mensajito y lo envié. “Alea jacta est”, pensé. Casi al instante recibí una llamada de teléfono para contestar a ese mensaje que acababa de mandar, y la dulce voz de Miguel me preguntó dónde nos encontrábamos. Le indiqué nuestra posición, pero antes de que colgásemos sendos teléfonos ya nos vimos. Fue extraño porque nosotros sí conocíamos su rostro, pero él a nosotros no nos había visto nunca antes, y, aun así, nos encontró, y no sólo eso, sino que su cara expresaba alegría por habernos localizado; vino a nuestro encuentro a paso ligero, y su recibimiento con ese abrazo y esa sonrisa fue de lo más cálido y acogedor. Además, venía acompañado de Daniel, de quien recibí otro fuerte y cariñoso abrazo. La voz me temblaba, me costaba hablar por la emoción, pues no esperaba un recibimiento tan acogedor, nunca imaginé tanta afectuosidad, y, de repente, me sentí como si flotara en una mullidita nube, ya que me encontraba rodeada de unos buenos amigos que fueron muy amables, tiernos y cariñosos conmigo. Junto a ellos distinguí un rostro nuevo, Raúl, y cuando me lo presentaron no podía creer que estaba ante alguien al que llevaba mucho tiempo siguiendo a través de cierta red social, pero al que nunca había puesto cara, y no pude evitar darle un fuerte abrazo también cuando me dijeron quién era, además de que su reacción para con nosotros fue también de lo más cordial y agradable.

El momento del encuentro fue tan emocionante y emotivo como corto en el tiempo, pues tenían que ausentarse para hacer otras cosas por el recinto, así que nosotros nos quedamos ocupando nuestro puesto en la aún larga cola, aunque ya no éramos de ninguna manera los últimos en la misma. No pasó ni medio minuto desde que el trío que nos recibió se marchó cuando me di cuenta de que la ansiedad y la agitación se habían transformado en alegría y emoción, fue un encuentro que iba más allá del mero saludo y unas presentaciones formales; sentí como si nos conociéramos de toda la vida, ya que me hicieron sentir muy cómoda y relajada. Los nervios que traía a cuestas durante todo el viaje hasta Madrid no me dejaron pensar que pudiera darse una situación tan acogedora como la que tuve.

Con esta sensación en el cuerpo, me envalentoné y me dispuse a hacer un barrido con la mirada en busca de alguna otra cara conocida, pero no fui yo, sino Dai quien divisó un rostro bien célebre, acompañado por alguien cuyo semblante era desconocido para nosotros, pero muy similar al del primero. De alguna manera me salió un vocativo en voz alta, apenas me dio tiempo a pensar si hacerlo o no, simplemente lo hice, y le llamé por su nombre. Dani se paró en busca de la voz que había pronunciado su nombre, y le hice señas con las manos para facilitarle la búsqueda; no me conocía, y, sin embargo, se acercó con una sonrisa a saludar, pero en su expresión se podía leer perfectamente “no sé quién eres, pero tú sí me conoces, así que me acerco a saludarte”. Ese gesto ya decía mucho de él como persona, pero cuando volvió a escuchar mi voz al preguntarle “¿Sabes quién soy?”, su sonrisa se esbozó de forma aún más notable, las manos fueron hacia su cara, pero no consiguieron ocultar su enorme sonrisa, se quedó paralizado y perplejo al no dar crédito al reconocer a la persona frente a la que se encontraba y que había pronunciado su nombre, pero yo aún estaba más perpleja al ver que le bastó una frase mía para reconocerme por mi voz, y cuando se lo confirmé el abrazo fue inmediato, de nuevo me sentí emocionada por estar ante alguien por quien siento tanto aprecio y quiero tanto, pero noté que el sentimiento era mutuo, y este contexto no podía hacerme más feliz. Me presentó a su hermano, Pablo, y estuvimos intercambiando palabras, impresiones y emociones durante bastante rato, pues, lejos de querer irse a otro sitio a probar otros juegos o estar con otra gente, Dani nos acompañó en nuestra espera para probar por primera vez la demo de Kingdom Hearts III, y, aunque decía que ya le dolía un poco la garganta de tanto hablar todo el día, no dejó de darnos conversación y hacernos mucho más amena la ya mencionada espera.

Ahí no acaba todo, pues llegó un punto en el que, al avanzar la cola cada diez minutos, nos situamos frente a un puesto del remaster de un querido dragoncito violeta que vuelve a las consolas después de tantos años, y fue ahí, en ese punto, cuando Dani no fue la única compañía que tuvimos, ya que no sólo regresó Daniel, sino que le puse cara a otro compañero de redes sociales, Fran, a quien me encantó poder conocer por fin y nos dio también una cálida bienvenida; conocí a Kmos, quien se alegró de ponerme cara, ya que él sí me conocía a mí, y también me presentaron a Javier, al que no conocía por su cara, pero cuando me dijeron cuál era su nick entonces la alegría sí que fue inmensa porque él me ha acompañado durante muchos vídeos en el poco tiempo que llevo en este mundillo, y siempre es agradable poder conocer a quien te sigue y te apoya desde hace tantos meses. Lo más impactante es que me decía que le daba vergüenza venir a saludarme, ¡como si yo fuera alguien importante! Si él supiera los nervios que llevaba yo encima desde varios días atrás… El caso es que fue una alegría inmensa estar rodeada de toda esta gente que, a pesar de conocernos poco, fueron muy agradables y amenizaron ese tiempo que nos quedaba hasta poder entrar a la zona dedicada al nuevo y tan anhelado título de las aventuras de Sora y compañía.

Pero aún faltaba alguien más, me quedaba por ver al último de mis custodios, y no tardó en aparecer entre todos estos nuevos amigos, quienes le confirmaron quién era la chica que se encontraba rodeada por ellos. La expresión en su cara no difería a la de los anteriores, y el abrazo que me regaló fue igual de tierno y cariñoso. No podía creer que me encontrara también junto a mi adorado Sven, pero tampoco podía terminar de creer que estuvieran todos allí, que todos me hubieran recibido con una gran sonrisa y con tanto cariño. Me pareció un momento mágico a la vez que inolvidable.

La cola seguía su camino y nosotros debíamos seguir avanzando. Atrás quedaron estos buenos amigos, salvo Dani, que prefirió seguir con nosotros un ratito más, y así fue hasta que por fin nos encontrábamos en la siguiente tanda para entrar a ocupar uno de los puestos disponibles para probar la esperada demo. Sin embargo, no sólo nos regaló su compañía hasta el final de la espera, sino que se ofreció a hacer cola de nuevo para que volviéramos a jugar la demo, un gesto que demostraba, una vez más, la maravillosa persona que teníamos delante y por el que le dimos un sincero “gracias”, pero tuvimos que rechazar esa generosa oferta, pues no podíamos pretender tenerle haciendo otra vez cola por nosotros, él merecía terminar de disfrutar de su experiencia por Madrid, ya que Dani sólo iba para un día, y nosotros todavía estaríamos una jornada más, de manera que, antes de pasar a la zona de prueba de la demo, nos despedimos hasta la noche, pues Daniel y Miguel habían organizado una cena con varios miembros de la comunidad de Kingdom Hearts. Kmos y Dani me preguntaron momentos antes si nosotros íbamos a ir, pero yo aún estaba indecisa, pues la gran timidez que me acompaña desde casi toda la vida me impedía ser más asertiva. Miré a Dai y sólo me dijo: “Lo que tú decidas”, pero el hecho de sentirme tan cómoda con ellos y de haber sido recibida con tanto cariño fue lo que inclinó la balanza hacia el “sí”.

Omitiré en esta entrada todo lo relacionado con la experiencia al jugar a la demo de Kingdom Hearts III, puesto que es algo ya narrado en un vídeo que subí al canal y porque aquí sólo quiero centrarme en el aspecto más personal y emocional de lo que viví en Madrid.


Para cuando terminamos esa primera partida, poco tiempo quedaba para hacer nada más por el recinto, así que dimos un par de vueltas, explorando una vez más el mapeado por si se nos hubiera escapado algún cofre con un interesante tesoro. Pero no fue un cofre o un objeto lo que encontramos, sino que nos llegó un mensaje que cambió un poco el sentido de la trama: Miguel no iba a ir a la cena, pero prometió vernos al día siguiente. Esta parte nos entristeció, pues apenas habíamos estado con él y no deseábamos que nuestro encuentro acabara así, de manera que quedamos para vernos el domingo a primera hora en el recinto ferial donde nos encontrábamos. Al no asistir él a la cena, me puso en contacto con Daniel, quien nos citó en un restaurante del centro de Madrid a una hora a la que veía imposible llegar, ya que, aunque la feria cerraba a las ocho de la tarde, una hora más tarde nosotros seguíamos atrapados en el parking del mismo. Mi preocupación se intensificaba al igual que la lluvia que comenzó a caer en el instante en que empezamos a hacer una nueva cola, esta vez para el cajero del aparcamiento, la cual se hizo mucho más eterna que la de la demo, pero la cola para salir del recinto fue mucho peor, apenas nos movíamos, y conforme la lluvia iba volviéndose más notable, más triste me sentía yo por estar perdiendo un tiempo tan valioso de poder estar con toda la gente que tan feliz me había hecho sentir.

Después de varios atascos más por las calles de Madrid, zona centro, sábado por la noche, lluvia notable y parkings privados completos, la misión de llegar al menos al restaurante citado se convirtió en algo más complejo que la mazmorra de Pitioss, pero al final lo conseguimos, con la grandísima suerte de ver a alguien que sacaba su coche de una plaza que, hasta ese momento, estuvo ocupando y que ahora sería para nosotros. Otro toque de suerte fue que, justo en ese momento, la lluvia había cesado, por lo que pudimos ir a paso ligero hasta el punto de encuentro acordado. Sin embargo, nuestra suerte acabó ahí: no veíamos al grupo por ningún sitio. Entramos al restaurante y no distinguimos ningún rostro conocido entre la multitud. Hice un par de llamadas mientras Dai enviaba algún mensaje, pero no obtuvimos respuesta. Dimos unas cuantas vueltas por alrededor por si hubieran terminado de cenar y hubieran salido, puesto que para cuando llegamos nosotros era ya muy tarde. Finalmente decidimos esperar en la pizzería de enfrente, mirando hacia la entrada del restaurante por si les viéramos salir o pasar cerca, dejando un último mensaje avisando de dónde nos encontrábamos. Y de nuevo la suerte nos sonrió, no se habían ido, ¡seguían allí! Resulta que el restaurante tenía una planta inferior y, al desconocer este dato, ni se nos ocurrió echar un vistazo por ahí, así que pedimos que nos trajeran cuanto antes la cuenta para salir disparados hacia la entrada del restaurante. Fue en ese instante cuando empezó a salir del local un numeroso grupo de jóvenes, entre los que reconocí unas cuantas caras. “¡Ahí están!”, exclamé, y me sentí muy aliviada al poder verles de nuevo. Cuando nos acercamos a ellos, vino corriendo Daniel a disculparse, diciendo que se sentía culpable… ¡De eso nada! El único culpable fue el maldito atasco a la salida del Ifema, que, junto con el tráfico madrileño, nos impidió llegar a tiempo a la cena. Le di un fortísimo abrazo porque no quería que se sintiera mal por nada, estábamos juntos y eso era lo importante, demasiado había hecho ya por nosotros.

El grupo era bastante numeroso, había algún rostro conocido y varios desconocidos, pero el ambiente que se respiraba allí era muy bueno, y de nuevo me volví a sentir cómoda, ya con los nervios a cero porque me encontraba una vez más con personas queridas. De entre ellos se me acercó un rostro familiar, Jandro, a quien también tenía muchas ganas de conocer y de quien me llevé también un fortísimo abrazo. Y entre el barullo de tanta gente hablando, surgió la idea de hacernos una foto todos juntos. Dai me miró para ver cuál sería mi reacción, sabiendo que yo soy una persona que siempre huye de las cámaras, ya sean de vídeo, de fotos, o de móviles, de un tiempo a esta parte he ido dejando una estela de época oscura en la que nada se puede saber de mí si nos ceñimos a documentación fotográfica o visual. Pero era un momento mágico, una escena que no sabía si en el futuro se volvería a repetir, y había costado mucho llegar hasta ella, tanto por el viaje a Madrid como por la superación del reto de salir del parking y llegar hasta el lugar acordado, por lo que decidí aparecer también en esa foto. Quizá mi rostro sea el que más desentone en esa instantánea por ser la menos favorecida de todos, por suerte el porcentaje que ocupo en la fotografía no es para nada elevado y casi se puede omitir; al menos espero que mi semblante refleje la felicidad que llevaba encima. A pesar de lo dicho, esa foto la guardo con muchísimo cariño, ya que no la tengo puesta para verme a mí, sino para ver a todos aquellos que me hicieron sentir tan feliz aquel día y a los que prometí volver a ver para poder charlar y pasar más tiempo juntos, tanto a los que ya conocía como a los que aún no tuve el placer, cuya promesa fue realizada tácitamente.

Tras esto, el grupo se disolvió, cada uno regresaba a su refugio nocturno, y nosotros tuvimos la suerte de coincidir en el trayecto con mis queridos Daniel y Sven, pero otros como Dani o Fran debían marchar en otra dirección, así que nos despedimos de todos ellos con un tierno abrazo y deseándoles un feliz viaje de retorno y la promesa de volver a vernos en el futuro. Durante el paseo por las calles del centro de Madrid íbamos en muy buena compañía, pero el camino fue muy corto, ya que pronto llegamos hasta donde teníamos el coche aparcado. Daniel y Sven nos dieron un poquito más de conversación, pudimos hablar de algunas anécdotas y reírnos un rato más, pero, una vez más, el tiempo juntos llegaba a su fin y, aunque acordamos vernos al día siguiente, yo me sentía triste por tener que separarme ya de ellos, no sin antes darnos otro fortísimo abrazo. ¡Cuánto cariño desprendido en un gesto tan sencillo! Y así Dai y yo regresamos a nuestro alojamiento con la esperanza de poder volver a verles al día siguiente.

Domingo por la mañana, el sol aún no había salido cuando yo ya estaba levantada, impaciente por llegar cuanto antes a Ifema, aunque aún llevaba arrastrando algo de cansancio del día anterior, y no era la única. En cuanto estuvimos listos, partimos por última vez hacia el recinto ferial, pero, al ser primera hora, de nuevo nos tocó hacer cola, esta vez para entrar. No tuvimos que esperar tanto como el día previo para jugar a la demo; además, dio la casualidad de que, justo detrás de nosotros, había un grupillo de paisanos nuestros que iban haciendo chistes de la situación, comparando el ingente tamaño del recinto con las relativamente pequeñas dimensiones del de nuestra ciudad, y desde luego nos hicieron reír el rato de la espera en la cola y nos transmitieron buen rollo. Fue entonces cuando me puse en contacto con Miguel, quien ya estaba dentro. Esta vez la espera para probar la demo de Kingdom Hearts III fue en compañía de Miguel, que estaba junto a un colega, Fran, y con quienes estuvimos intercambiando impresiones sobre la demo y el evento en general. Era la primera vez que Fran iba a jugarlo y se le veía con muchas ganas, y hay que decir que ese ratito en la cola volvió a ser amenizado por la buena compañía que teníamos. Fue después, al salir de probar la demo, tras intercambiar de nuevo impresiones y experiencias, nos enteramos de quién era realmente Fran, el cual, al igual que Raúl, llevaba una página que sigo casi desde que empecé en este mundillo de las redes sociales, por lo que fue una nueva alegría.

Ahí nos tuvimos que separar, cada uno iba a un sitio distinto, pero parecía que ya no iba a ver a mis otros custodios, ya que salían en poco tiempo para sus respectivos hogares y ya no les iba a dar tiempo. Al rato, Miguel me volvió a escribir diciendo que también debía irse para tomar el tren, así que no dudamos en ir a buscarle para poder despedirnos de él. El abrazo que nos dio fue igual de intenso que el del día anterior, pues las despedidas siempre son tristes, pero nosotros nos quedamos con lo bien que lo pasamos en su compañía, que, aunque durante poco tiempo, fue maravillosa. Y así fue como me despedí de mi último custodio, quien en ningún momento dejó de mostrar su cariño y afecto hacia nosotros.


Después de dar unas cuantas vueltas más por el recinto y hacer cola otras tantas veces, nos acercamos al stand de Game Tribune porque quería comprar la revista donde aparecía publicado un artículo de mi querida Marta, y cuando me enteré de que estaba por allí quise conocerla personalmente, así que Dai preguntó por ella y, muy poco después, apareció por allí y le dijeron: “Marta, este chico pregunta por ti”, y su cara fue de extrañeza porque, obviamente, no le conocía de nada, pero cuando me acerqué yo y le dije quién era, se emocionó tanto que hasta pegó un salto y me dio un fortísimo abrazo a la vez que me decía: “¡Eres tú! ¡Tu voz!” No podía creer que reconociera tan rápidamente mi voz, pero mucho menos la emoción que sintió al vernos. Si ya el día anterior me sentí querida y apreciada, con Marta esto no fue para nada diferente, el cariño que nos regaló fue realmente tan inmenso como intenso, y no sólo se quedó un buen rato hablando con nosotros, sino que nos mostró la maquetación de su nuevo libro que iba a salir por kickstarter y que, como muchos sabrán ya, ha sido todo un éxito casi al momento de publicarse en dicha página, y además nos lo mostró con una ilusión que nos contagió su emoción por este nuevo proyecto. Marta es de esas personas que irradian ilusión y pasión por lo que hace, unos sentimientos muy contagiosos cuando estás con ella, además de ser una persona muy dulce, amable y entrañable.

Será difícil olvidar ese gran momento que pasamos juntos los tres, se nos ha quedado grabado a fuego en nuestros corazones, como también ha quedado marcado todo lo que vivimos el día anterior con la comunidad de Kingdom Hearts, especialmente con mis custodios. Al menos pude despedirme bien de ellos, pero, ahora que lo pienso, ¿acaso existen las buenas despedidas? Cuando se trata de alguien que ni fu ni fa puede que sí, pero cuando es el caso de alguien a quien quieres tanto, como Miguel, Sven, Daniel, Dani o Marta, ¿se trata de una buena despedida? Es un momento en cierto sentido triste y desconcertante, pues, al ser cada uno de una ciudad distinta, no sabemos si nos volveremos a ver en el futuro, si habrá algún acontecimiento que nos vuelva a reunir a todos algún día como lo ha conseguido la oportunidad de probar Kingdom Hearts III cien días antes de su salida.

Por la tarde ya debíamos volver a casa, el camino que nos esperaba era igual de largo que el de ida, pero los sentimientos eran bien diferentes, mi felicidad era plena por haber estado con gente querida y que, además, así me lo han transmitido. Pero, a la vez, me sentía triste porque todo había terminado ya. La lluvia no nos acompañó esta vez, sólo un cielo nocturno muy despejado y estrellado, más de lo que estoy acostumbrada a ver.

Hoy hace una semana de todo este festival de emociones, de encuentros y despedidas, de nervios y felicidad. Miro por la ventana mientras escucho un arreglo orquestal y pianístico del tema Passion de Kingdom Hearts II y veo que, después de lucir un reluciente sol durante toda la semana, hoy vuelve a llover. Irremediablemente me viene a la cabeza la letra de una canción que dice que “en Madrid seguiría lloviendo, triste como lo dejé”, y no podía ser más acertado. Ahora sólo me queda un rincón en mi mesa dedicado a todo lo relacionado con este fin de semana que nunca olvidaré, recuerdos lejanos que prometí volver a vivir algún día, en un futuro espero que próximo.